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Popeye ya casi es de todos

Alvaro Pons escribe en El País, acerca de la propiedad del personaje de Popeye.

Según la normativa europea de derechos de autor, el famoso marino ha pasado al dominio público al cumplirse 70 años del fallecimiento de su autor, Elzie Crisler Segar, por leucemia en 1938. Sin embargo, en EE UU la legislación sobre copyright considera un plazo de 95 años desde la creación del personaje, por lo que hasta 2024 se producirá una chocante situación asimétrica entre las dos grandes potencias mundiales. Mientras que en el país que vio nacer a Popeye sus derechos seguirán a buen recaudo, en Europa se podrán usar de forma libre los dibujos de Segar para cualquier obra derivada de aquéllos, desde camisetas, juguetes, muñecos o videojuegos a nuevos cómics basados en los personajes.

Alvaro también enfatiza el papel que juega King Features Syndicate, como propietarios intelectuales de las tiras, y de que estos no habrán de quedarse con los brazo crusados.

En dicho artículo señala que el marino no es el único en esta situación, Superman y Mikey Mouse van por el mismo camino.

…una especie de telaraña transnacional de difícil comprensión y que será protagonista de una dura batalla legal que en el futuro podrá afectar a Betty Boop, Mickey Mouse o Superman. En España, la Ley de Propiedad Intelectual establece un plazo de 80 años, que la directiva europea respeta para los autores fallecidos antes de 1987.

 

  • http://elulrich.blogspot.com hector

    y en este caso a quien se le pagarán regalías, cuando no haya titular de los derechos?

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    y en este caso a quien se le pagarán regalías, cuando no haya titular de los derechos?

  • El Conde H

    Bueno, no está de más esta nota para recomendarles a todos los que hacen o gustan de las historietas a que consulten a uno de los indiscutibles grandes maestros de todos los tiempos del cómic: E. C. Segar.

    Realmente llegó a niveles profundísimos tanto en la creación de historias -plenas de fantasía y que parecían no tener fin, siempre con giros inesperados y a la vez rebosando humor- pero sobre todo con la creación de personajes excéntricos (empezando por los nombres, todo un logro en sí, por ejemplo Olivia Oyl) que realmente estaban “vivos”, es decir que todos y cada uno de sus personajes tenían muy complejas y a la vez muy definidas psicologías y “razón d’etre”, que los volvía casi tanglibes y creíbles, un logro que es difícil ver en el medio, lleno de personajes unidimensionales y caricaturezcos (en el mal sentido). Todo un logro además teniendo en cuenta de que hablamos de los 20s y 30s, tiempos aún “ingenuos” para el cómic.

    Nada más ojo, no vayan a leer algo de Popeye que no sea de él, que como dice la nota, murió realmente joven, para desgracia del medio comiquero mundial. Por ejemplo, la ilustración que acompaña la nota es de Bud Sagendorf, que era el ayudante de Segar y el que heredó la hechura formal del cómic a la muerte de E.C., pero que no pudo igualar al maestro y llevó al homérico Popeye a hacer “solo chistoretes” simplones.

    Es un caso parecido al de George Herriman, el de “Krazy Kat”, que muriendo el autor original, ya nadie puede continuarlo al mismo altísimo nivel.

  • El Conde H

    Bueno, no está de más esta nota para recomendarles a todos los que hacen o gustan de las historietas a que consulten a uno de los indiscutibles grandes maestros de todos los tiempos del cómic: E. C. Segar.

    Realmente llegó a niveles profundísimos tanto en la creación de historias -plenas de fantasía y que parecían no tener fin, siempre con giros inesperados y a la vez rebosando humor- pero sobre todo con la creación de personajes excéntricos (empezando por los nombres, todo un logro en sí, por ejemplo Olivia Oyl) que realmente estaban “vivos”, es decir que todos y cada uno de sus personajes tenían muy complejas y a la vez muy definidas psicologías y “razón d’etre”, que los volvía casi tanglibes y creíbles, un logro que es difícil ver en el medio, lleno de personajes unidimensionales y caricaturezcos (en el mal sentido). Todo un logro además teniendo en cuenta de que hablamos de los 20s y 30s, tiempos aún “ingenuos” para el cómic.

    Nada más ojo, no vayan a leer algo de Popeye que no sea de él, que como dice la nota, murió realmente joven, para desgracia del medio comiquero mundial. Por ejemplo, la ilustración que acompaña la nota es de Bud Sagendorf, que era el ayudante de Segar y el que heredó la hechura formal del cómic a la muerte de E.C., pero que no pudo igualar al maestro y llevó al homérico Popeye a hacer “solo chistoretes” simplones.

    Es un caso parecido al de George Herriman, el de “Krazy Kat”, que muriendo el autor original, ya nadie puede continuarlo al mismo altísimo nivel.

  • El Conde H

    Bueno, no está de más esta nota para recomendarles a todos los que hacen o gustan de las historietas a que consulten a uno de los indiscutibles grandes maestros de todos los tiempos del cómic: E. C. Segar.

    Realmente llegó a niveles profundísimos tanto en la creación de historias -plenas de fantasía y que parecían no tener fin, siempre con giros inesperados y a la vez rebosando humor- pero sobre todo con la creación de personajes excéntricos (empezando por los nombres, todo un logro en sí, por ejemplo Olivia Oyl) que realmente estaban “vivos”, es decir que todos y cada uno de sus personajes tenían muy complejas y a la vez muy definidas psicologías y “razón d’etre”, que los volvía casi tanglibes y creíbles, un logro que es difícil ver en el medio, lleno de personajes unidimensionales y caricaturezcos (en el mal sentido). Todo un logro además teniendo en cuenta de que hablamos de los 20s y 30s, tiempos aún “ingenuos” para el cómic.

    Nada más ojo, no vayan a leer algo de Popeye que no sea de él, que como dice la nota, murió realmente joven, para desgracia del medio comiquero mundial. Por ejemplo, la ilustración que acompaña la nota es de Bud Sagendorf, que era el ayudante de Segar y el que heredó la hechura formal del cómic a la muerte de E.C., pero que no pudo igualar al maestro y llevó al homérico Popeye a hacer “solo chistoretes” simplones.

    Es un caso parecido al de George Herriman, el de “Krazy Kat”, que muriendo el autor original, ya nadie puede continuarlo al mismo altísimo nivel.